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jueves

Sensible al conocimiento

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Es necesario mirar al cielo para no perderse,
Es vital conocer tu cuerpo,
Es sensible al conocimiento que te acaricia la mente,

Soy la mitad del deseo, la cuarta parte de un consejo, el valor indecisorio de un complejo, soy la mitad de tus ojos, y tres dedos de tu mano izquierda; a veces, soy la nauseabunda mierda que acumulas en los rincones, otras veces soy la piel que protege tus partes nobles…
Soy todo en esencia de este mundo porque de todo provengo, soy parte de la tierra que comí de pequeño, soy alma de los bichos que murieron en mis manos, soy animal agotado que busca el fruto que he plantado, soy los pájaros a los que alimento, soy el aliento de mis perros, soy las manos que doy para reconocernos; soy el abrazo escondido que salta de mi pecho, también soy el olvido, el olvido de una noche con tremendos desconocidos, soy las sábanas donde duermo lejos de mi cama, soy mi casa, y las casas donde habito.
Soy las prendas que me pongo para empañarme afligido, soy el ruido que se crea en el silencio sombrío, el alimento de los piojos y el agua que corre en el río buscando asombro, soy todo lo que entra en contacto conmigo, todo lo que oigo, pruebo o miro, todo lo que toco y lo que percibo; todo en realidad, es tan tuyo como mío.
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Porque una vez que has muerto, tu alma, tu cuerpo y tus miedos, se transforman en meros pensamientos, olvido que se esparce donde fenece tu cuerpo, pasto de los insectos que perecieron en tus manos, tierra verde del suelo donde te han enterrado, comida para los buitres, al sol desecho humano, eres paciencia en la tierra y los abetos que crecen llevan en sí tu primavera, tu alma corre por sus venas, sus raíces te atraviesan y tu ya no piensas, sólo perteneces al todo de donde un día saliste, transformas tu existencia en mil esencias irregulares, en complejidad de ilusiones de otros niños que cazan bichos, en los pájaros que sobrevuelan tu desdicha, en los tréboles de cuatro hojas que inmolan la tiranía…
Eres todo cuando vives porque vives en compañía; eres todo cuando mueres porque perteneces a la vida.

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......If I going back...

sábado

De los animales adorables

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Mi mejor amigo, mi novio y compañero de cama es un animalillo de 20 centímetros de alto y 30 de largo aproximadamente, tiene un antifaz negro, precioso, que le llega a la altura del labio superior, es el único que me comprende siempre y con el que tengo mis "raspis" y mis enfados; es sin duda la persona más inteligente que conozco y la que lleva una filosofía absolutamente cordial, y la única que siempre me recibe con un buen gesto.
A veces siento que soy un gato; los gatos, estos animales incontrolables y absolutamente pasivos. Este animal, no se exalta si es feliz. Sus movimientos son como pequeñas sombras que se adaptan a cada recóndita esquina pegándose a las paredes; es un movimiento perfecto hecho por pasos, como pequeños fotogramas. Sólo este animal en una situación de peligro, su cuerpo reacciona como el hielo sobre el fuego, se trasforma de un estado a otro saltándose todos los intermedios, pasa de sólido a un gas vapor; pues bien, los gatos, también deben sufrir "de sublimación".
Estaba yo tumbado en mi cama, tranquilamente observando a Nicolás, (uno de los compañeros de mi vida, un componente más de mi familia) mientras este se estiraba y bostezaba desde el otro lado de la cama cuando atendió de mi mirada, pareció tranquilamente sorprendido y me hizo un guiño de confianza, calmadamente se estiró una vez más y se puso en pie despacio, lentamente avanzó por aquella inmensa llanura desértica, entre mantas sábanas y edredones sin grandes dificultades, hasta llegar, tras cruzar la enorme distancia a la misma fachada de mi cara. Aún con los ojos entreabiertos me sonrió cuando le acaricié lentamente el pecho y un poco la cabeza y el lomo. Siguió andando lentamente cruzándome por las caderas hasta tumbarse en mis piernas junto a mi mano, me contó que hoy no había sido un día duro como ayer, que ayer entre la nieve y la gata del vecino, la cuchara que escondió debajo del mueble del salón y la discusión que tuvo con mi madre por supervisar y catar la lubina que había descongelado, había quedado agotado y hoy quería relajarse y descansar. Yo le conté que hoy tampoco había sido muy especial pero que me encontraba relajado y satisfecho por esta semana y que esta tarde y esta noche pintaban interesantes.
Me sentí como él, por pequeños movimientos tan suaves que el medio no notaba su esencia ni su sonido, me moví como él, me sentí un ser increíble, dispuesto a subirme al tejado a observar la noche y la niebla blanquecina, me propuso un plan y yo acepté. Rascó un poco la ventana del balcón y salí con él. Nos sentamos en el suelo, yo con una manta y él sobre mis rodillas, comprendí ahí que era él, mi gran amigo, donde no hacían falta las palabras por su parte, que yo le escuchaba igual, y comprendí ahí la falta que teníamos.
Nosotros, seres humanos, lo absorbidos que estamos del mismo entorno que nos rodea, lo separatistas y despegados que somos, lo poco cariñosos. Y hay una tradición que pretendo nunca perder, eso de dar abrazos me parece algo maravilloso, el último resquicio que nos queda de humanidad, de naturalidad, o quizá en casi todos los casos de pureza (quiero pensar), es lo único que nos salva de la maquinalización que hemos sufrido (a contra de la animalización).
Propongo pues, ser más animales, y menos máquinas, un poco menos correctos y un poco más humanos. Porque al menos de vez en cuando, como decía mi amigo, es bueno olvidase de los protocolos y el miedo al rechazo y recordar el actuar de forma impulsiva y natural.
Venga señores! Que parece que no tenemos toda la vida para querernos pero si la tenemos para odiarnos, y que el tiempo desperdiciado es regalarle a la muerte nuestro triunfo.Porque me repito en mí, pero

-Si no dices lo que piensas en cada momento, pierdes momentos-

Y yo, no estoy dispuesto.