jueves

Hierba divina

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Y en el auge del destino, de repente, un niño truncó el camino de su perro…
No hay ansias ni pretextos que desconfíen el supuesto de hacer real un simple sueño.
No hay sueños ni realidades que pretendan ser solo eso; no hay verdades sin mentiras, ni veranos sin pasatiempos, no existen las tiranías sin tener algún fin bueno; nada es síntoma de lo perfecto, y no se puede meter la nada en un simple agujero.

Sí, a veces, te echo de menos,
a veces pienso en el vino que descendía por tu pecho,
que saltaba desde tus labios en la comisura del lado izquierdo;
a veces, y solo a veces, te recorro de nuevo entero…
Pero el pasado desarrolla un comportamiento adverso,
perecemos nosotros o quizá nuestros sentimientos,
perece nuestro alrededor y desde luego este mata al tiempo…

Deseamos que sea lento,
otras veces, más deprisa;
y cuando el ansia respira junto al corazón
en el pecho,
creemos que lo hemos perdido todo
(“todo” como concepto incorrecto)

Y el ansia se fumiga sólo aspirando hierba divina
que entrega la percepción a otro nivel,
otra situación de jengibre y miel,
y de repente te pierdes con él…

Luces naranjas y barcos de papel, cartón para construir un dintel, música sugestiva hace función de mantel y sobre él, comemos briznas, pastamos flores y comentamos los mejores días del ayer…
Un sueño desmejorado, en ocres, sanguina y sepia; papel arrugado papel mojado que poco a poco se quiebra. No podemos recuperar lo que hemos desperdiciado, tampoco aquello que nos han robado, no podemos sublevarnos ante el estado ni permanecer estáticos ante su mandato.
La convicción es un desatino, y la convección general un mito.

Pero aún nos queda algo, ser fieles a uno mismo,
liberarnos de pecados aprendidos,
esquivar el riguroso del destino,
alzar la voz
y ser un niño.

Sin mentir y dando gritos

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En la longitud de un día

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“Tirar pedradas al cielo a ver si caen las estrellas”,
y pasé la noche entera metiéndolas en bolsas de la compra, despedazas, hechas harina, masa de empanada divina…
Estelas premeditadas se disfrazaban de versos, trasformaban la lejanía de -aquello- que se vuelve –esto-, eran piedras molidas, palabras inverosímiles hacían turno de paracaídas,
limaban lo que ya no era verso
haciendo agua del tiempo,
los segundos eran largos y densos
envolviendo la destreza del supuesto,
y yo allí callado, y muy quieto, permanecía escondido en la intensidad del progreso, y bailaba extravagante en la noche callada, y hacía música con mis pasos y con mis palmas; pero no era suficiente, nada funcionaba, las estrellas seguían cayendo en una ilustre tormenta dorada, los perros se escondían dentro de sus casetas, los grillos, en las macetas, los gatos, en las chimeneas y las niñas con coletas saltaban afuera.
Se hizo la madrugada y sentía el ansia treparme por la garganta, el cielo vacío deslizaba mis silbidos en lúgubres madrugadas donde siempre hace frío, donde la cómoda se llena de polvo y las miradas no suenan; patricidas moscas rondaban la nevera, y cupido ha debido de perder todas sus flechas; yo me asombro, porque pienso en el tiempo; en el trágico suicidio de un sonido; en los ecos que se pierden de mis propios chasquidos… en los suburbios, y en los niños.
Pero me abarca el zumbido, comienza la mañana, mis ojos no se cierran porque no les da la gana, el agotamiento me quiebra, y aún así, no quiero nada, porque no estoy solo, y solo tú me acompañas. Tengo amigos a patadas y nunca les doy las gracias…
Oye, a todos, GRACIAS.
Y sobre todo a ti, Mada.

Pero me siento rodeado y solo, converso con mi situación que me envuelve en un todo y navego por mi mente que cae por mis hombros hasta la catástrofe del codo.

La ineptitud es la vacuna, porque de no saber nunca nada,
nunca nada te quiebra
y nunca nada te da la espalda.

Y ahora el sol se ha abierto el pecho y luce con todo su cuerpo descubierto,
todos sus miembros,
comienza el calor a acariciarme el pelo,
comienza el sol a darme besos,
a susurrar mi contorno con sus dedos desnudando mi vacío y dejando solo eso,
solo eso.

Es cierto, ha caído mi ego,
pero si busco en la mochila seguro que lo encuentro…
No tengo rencor, no me cabe en el pecho, tengo que guardar un sitio para cuando llegue correcto, no tengo ninguna prisa mientras me quede aliento,
y mientras pueda respirar todo estará perfecto.

“Adiós” y al Viento.

a Don Calderón

Como una puta en el campo, de un domingo cualquiera, ni puedo cambiar mi sino, ni buscar otra decendia, pues se sabe que en domingo descansa la tierra.

Esta mañana aludiera

de esta misma primavera, y con dolor en los pies, quiso ser y no fue más que un salto en el camino.

Perdonen si me descuido, pero estamos en domingo, al menos yo, no sé ustedes.



Y alejándose del cielo, que hoy se levanta aflijido, quiero encontrarme y no puedo entre tanta oscuridad, no les miento, y es verdad, que hoy amanecí el primero, quiero decirles, y no quiero, que antes que el sol salí.



No se piensen que les miento.



que salí a la calle y no vi, (para que mearan mis perros), jaleo alguno entre tanto silencio


aburranme estas canciones, lo siento.
asi que, les dejo...

Juanjo Gorrión

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Juanjo gorrión primo Calderón, suma siempre uno a su plumaje marrón, es un pobre pájaro ansioso de emoción, donde ya no queda azul ni bermellón;
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Ciudades abatidas por las ratas voladoras devuelven su prisa siempre a la misma hora, son estas estúpidas palomas las que están iniciando el consorcio europeo; ovejas bobas se agolpan en comisaría, estado policial reboso de tiranía.
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Extinto el cauce de nuestro Juanjo gorrión vuela presto y silencioso hacia la estación intentando no encontrarse con la limitación vestida de uniforme y con armada misión.
Pero se hace imposible en la fruición estatal, cuando se revoca el ánimo animal, bajo un número de placa sin más conciencia abismal que la estúpida docencia del que no sabe hacer más.
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Con desplante y dolor, el pequeño Juanjo, se ve retenido entre barrotes, por ir sin documentación; por no tener “pedigrí” demostrable, por no ser ario de su padre y de su madre y por ser gorrión y no paloma, estúpidas unidas a la carcoma paseando por parques y vigilando la zona.
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Pero inteligente el pequeño gorrión ha podido escapar,
lo que ocurre es que al iniciar su volar,
lo han fulminado directo con un disparo mortal…
. -Un gorrión menos queda-
-uno menos que controlar-
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La autopista del norte

http://www.youtube.com/watch?v=aOcPY_oKcMg&feature=PlayList&p=B94889565D4F5AA7&index=15&playnext=5
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Cabe dentro de un sombrero la distancia en el océano, la lujuria y el tremendo desperfecto que sufre la ira dentro de un agujero. Por muy hondo que lo entierres siempre seguirá en el tedio, o en el lugar donde se coloque dicho sombrero.
Esta mañana, el esperpento despertó mi conciencia, antes incluso de ser consciente mi cabeza, bajó al supermercado y se encontró de camino a una pareja de rumanos; venían discutiendo sobre la fortaleza, sobre qué iban a comer y sobre el dolor de cabeza, (que es que, desde mi balcón se ve la central térmica y esta es la que expulsa su desidia a la atmósfera).
Subió la autopista del norte, camino de muralla y de coches, y vió el fuego uniforme al contacto con el aire, vió viciar la codicia del dinero que arde y olió la putrefacción que se crea en el residuo de mezclar conciencia con petróleo, vió lanzar al mar costumbres, y como de cualquier modo, pensaba llorar en su camino, ahora encontró motivos para desahogar su furia como si fuese todavía un niño.
Al final del camino, flanqueó los enormes tanques para llegar a algún sitio, y viendo que no podía, casi dándose por vencido, vislumbró un terraplen desconocido, donde pudo asomarse al mar y quedarse sorprendido.
La basura reclinaba al límite del olvido, las plantas trepaban por los azulejos ya amarillos, yeso, bolsas, zapatos y trozos de vidrio, y una angustia insolente se coló en mis bolsillos. Desde allí, se veía el puerto, negro, sucio, acaecido, y un par de barcos de carga esperaban su turno, parecián observar la salida de su propio humo, laminar el agua con arcoíris de plomo, azufre y gasóleo, y flotando en la distancia, la nubes enfadadas, agrietaban el horizonte con sus luminosas venas plateadas.
Respiré profundo y recordando el paseo, de casas viejas, de humedad discreta, de gente que duerme en la misma ladera de la autopista, cartones mojados y pobreza, rodeados de tanto agravio, de tanto capital desautorizado, aguanté la respiración entre esa sucia estación observando el fuego continuo y dió un salto inesperado que trepó por mi ombligo;
voló, lo cierto es que voló muy alto como cuando era un niño, y llovió la tormenta sobre el campo amarillo, regando de lágrimas la basura acumulada, los colores de vidrios en el agua, y la desdicha que sentía, al fin, fue calmada.
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El exilio incapaz

En un lugar descrito por mi mente, voy a esconderme del resto del mundo; en un agujero en el suelo, muy profundo, muy profundo...

En un espacio inventado, creado a partir de la nada, éter suave y suavemente me deslizo por mi espalda hasta chocar con el suelo; no tengo miedo ni rabia que me mantenga quieto, me mezclo con la sustancia que ha creado mi cuerpo y soy dúctil como el agua, fuerte como un escarpelo, y no con poca dificultad además de exhausto y adverso, dimito de la condición que otorga “Dios” a lo eterno.

La melancolía ya es un sentimiento desconocido, la tristeza en balde busca un perro perdido, u otro niño, y la esperanza crece con la longitud del camino. Ya no pienso en el desconcierto como el mérito desconocido y aunque parezca mentira sigo buscando en el olvido los retales silvestres de los trozos del delirio, compañía desproporcionada y auxilio.

Aguas del templo



Entre tanto abrió al camino correcto.

O eso creía cuando empezó el invierno; pero ahora, con tiempo, pausado y más concreto se detiene ligeramente para descansar su proyecto; ahora tiene dudas, pero conoce con toda debilidad y eficacia cada sustancia que le compone,
añade y no absorve, siempre cuando conversa un movimiento extraño de cejas que le hace sentir más seguro,
y juro que por un momento me hizo flaquear sobre todo lo que sé y lo que pienso...

Pero ahora, él nada en el desconocimiento,
cree que la fe es solo placebo,
que no existe tal aura que recubra su cuerpo,
que la suerte no salva
y que el pasado,
solo sirve para reconstruir lo olvidado.


Le proyecta lo adverso,
le comulga y desprecia al mismo tiempo,
reza en su nombre y le abraza cuando está contento, pero como siempre, solo dura la séptima parte de un paseo, la quinta de una conversación, la mitad del desconcierto, un mínimo momento,
y sabe dios!
por qué
sin razón,
se metió en esa historia de la religión...

Pero ahora se determina con los ojos abiertos, sonríe, mira al frente y acompaña su sueño con otros de su calaña en un local de la avenida Italia.

Yo, no me lo creo.

No creo que su aspiración se encuentre entre los muertos, ni que las conciencias silbantes, silenciosas y siniestras al reglamento, puedan sacarle de su temible desconcierto;
no creo que Dios pueda solventar sus complejos, ni borrar de su existencia todos sus desaciertos.

Ahora abre su camino cada mañana dirigiéndose difunto y confiado,
exprimiendo su amplitud en lo agotado y exiliando su pensamiento,
pensando, que así, se evita sufrimiento.

Ahogándose en las aguas del templo,

Dios es un niño huérfano que ya no salva a su pueblo.

El Árbol

Confinación y desorden encáustica reprográfica y huelga.

Afirmación de una meta declarada referida estancada

Seco como el espino que cuelga aciago en mi ventana,
ventana que no existe porque la han olvidado,
muestras de caridad, nubes, claros
tormentas de vanidad por todos lados

espesura nubosa de los labios
querer decir, a nadie, en vano
tener amor para dar,
en todas las direcciones por todos lados
entonces,
proveer condicionar y remitir
derivar y resumir
controlar,
confundir

y al final
como siempre


En conmemoración al olvido
el árbol, falto de camino
busca agua inagotable,
pero en su grandioso intento
su fuerza le entorpece
pues le tiene atado al suelo en donde crece

coloreada la membrana solar
cambia el turno de las hojas,
el horizonte postra alcalino
pierden las uvas el vino
los brotes se mudan
la luz se desnuda
fenece

y se ahoga en el silencio de su propia amargura,
tímida y pálida criatura,
verde y taciturna
cual su extinguir acontece
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Ahora llama en su presidio, grita, desconcierta y camino, 
que no va a continuar si no es consigo mismo.

martes

Salve




No sé, en mi opinión la figura del respeto se ha perdido soberbiamente; el ser no respeta su causa ni su volumen, su aspecto ni su contundencia, no respeta sus deseos y afecciones, no se otorga así mismo lo que se requiere, el ser se ha vuelto un conejo blanco cayendo por un precipicio, y es culpa nuestra, porque nosotros lo estamos practicando.
 Cuáles son los valores?  la alienación y la posesión han atrofiado nuestras capacidades, vivir de la necesidad solo nos genera más agravio y dolor, y nos tienen atrapados.
Pensar es algo que ocupa mucho tiempo, "nadie tiene tanto tiempo", y si asumes además que la mayoría de conceptos ya te los dan pensados, pasas la mayor parte de tu vida asumiendo arbitrajes que acostumbran tu existir a ser un producto social, un brick de leche. De este modo, producimos trabajando para la sociedad, consumiendo cíclicamente de ella, intentando sostenibilizar una ruta sin fin que se va elevando en el aire caminando sobre sí misma, como un tornado más o menos.
Vivimos el fútbol, apreciamos a los personajes que son imagen de la sociedad, construimos nuevos mitos en los que enfocar nuestra economía, destruimos y repoblamos, volvemos a destruir, volvemos a repoblar... importamos todo tipo de productos que podríamos producir dentro, movemos las masas de un lado para otro para que multipliquen su valor, todo lo traducimos a dinero, la belleza, el amor, el ego, el cariño, la alimentación, el propio sueño... 
Lo peor es que hay salvación, pero solo en una buena compañía y en otro lugar lejano podemos salvarnos de esto, no hay que destruir para reconstruir, pero hay que esperar el momento preciso para entrar.

Las cosas grandes no se consiguen solo. Y el individualismo es la gran catástrofe de nuestro tiempo.

 Feliz verano, Salve oh pueblo.


Una sincera luna llena para todos. 

Vermeer


Version  de la obra de Vermeer, (mujer con collar de perlas)